viernes, 14 de octubre de 2011

Almíbar 3




Entre Kassy, y Victoria, me tenían loco. Ya no sabía que postura adoptar para no llamar la atención. Hacía días que no follaba, y mi polla respondía ante el mínimo estímulo visual.

Cuando llegó el tipo, me sorprendió que se sentara con ella. Jamás hubiera imaginado que estuviera con alguien así. Joder, no le pegaba nada. Al lado de ella, parecía un mono.

Charlaron en susurros. De vez en cuando, ella soltaba una sonora carcajada. Yo miraba el reloj, pues hacia ya diez minutos que debería estar de vuelta, pero esperaba, con mi taza vacía, y mis oídos abiertos, por si cazaba alguna palabra.

El mono se levantó, y cruzó una puerta al fondo del local, que comunicaba a un pequeño pasillo, con otras dos puertas contiguas, el baño de señoras, y el de caballeros, en este orden.

Pensé en decirle algo a Kassy, supongo que ella así lo esperaba, manipuladora de emociones, como es, pero cuando me disponía a hacerlo, vi como ella también se dirigía a los baños.

Coño, demasiada coincidencia.

Así que fue a comprobar mis sospechas.

Entré en el pequeño pasillo de los servicios, en completo silencio, sin hacer ni el más mínimo ruido. La primera puerta, la del baño de señoras, estaba cerrada, despacio la abrí, girando el picaporte, lentamente. Nada, ni un sonido. La del baño de caballeros, estaba entornada, apoyé la mano y la abrí despacio. ¡Premio.!

Pude oír un leve gemido, amplificado gracias a la acústica del baño, proveniente del váter del fondo.

Lentamente, me dirigí hasta allí, sintiendo los latidos del corazón golpeando mi pecho, mi sien y mi polla. La puerta estaba abierta unos veinte centímetros, dejando ver lo suficiente.

A una distancia prudencial, pude verla, apoyada en la pared, de pie, la pierna izquierda, sobre la taza, la camisa abierta, dejando tus pechos al descubierto, con esos pezones que me vuelven loco. Su brazo derecho, rodeaba sus pechos, y con su pulgar y su dedo corazón, se pellizcaba el pezón izquierdo, mientras su brazo izquierdo, bajaba hasta sostener la cabeza del tipo, enterrada en su entrepierna.

La falda se arrugaba en su cintura, dejando su coño disponible para la lengua del mono. El mismo coño que tantas veces he saboreado, y ese mono, a mi parecer, solo daba lametones, como un perro. Aunque para ella parecía suficiente para obtener placer, a juzgar por sus ojos cerrados, y sus dientes mordiendo su labio inferior, pero era evidente, que no estaba disfrutando, como cuando el placer se lo otorgaba yo.

Hay que saber comerse un coño, y más uno tan perfecto, bien depilado, terso, deslizando la lengua lentamente al principio, recorriendo cada pliegue, sentir como se estremece de placer, a cada milímetro, notar en tus labios, el calor creciente que se desprende de su interior, y observar como la humedad va aumentando, y mientras te recreas en sus labios internos, deslizar un dedo,  humedecido previamente, y explorar los recodos de su lubricado interior, iniciando un movimiento de mete y saca,  mientras la lengua, ahora sí, estimula su clítoris, sintiendo como se hincha, al igual que su sexo al completo, adoptando ese tono carmesí, de pura excitación. Tras introducir el índice y el corazón en su empapado coño, con el anular, lubricado, acariciar la entrada del ano, moviendo al unísono dedos, lengua y labios, en un baile magistral, cuyo desenlace, sea un largo, húmedo, imparable e infinitamente placentero orgasmo.

Dicen mis amantes, que nadie les ha comido el coño como un servidor, que el orgasmo que alcanzan, es bastante más placentero que simplemente follando.

Supongo que será cuestión de opiniones…

Y ahí estaba yo, viendo como Kassy, gozaba con la lengua de ese perro, cuando dirigí mi mirada a su cara y… la muy hija de puta, me estaba mirando, con ojos sonrientes, mordiendo su labio rojo channel, disfrutando el momento de poder que estaba viviendo. Creo que el verme formaba parte de su plan. Siempre fue muy previsora, me extrañaría que todo fuera una coincidencia.

Como decía, ahí estaba yo, contemplando la escena, con la polla a reventar, y abrumado por haber sido descubierto y atrapado en su juego, sin atreverme a emitir ni el más leve sonido, cuando…

Noto unos pechos, duros como piedras, en mi espalda, y una voz en mi oído derecho, que me dice en un susurro lascivo, casi imperceptible – “No muevas ni un puto músculo, ni digas una sola palabra” – Era Victoria.

Continuará.


1 comentario:

  1. Como explico yo lo que eh sentido al leer este post... Lo dire como lo siento: (excitacion)

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