(Tenía pensado escribir un post sobre la comparación entre el amor y la gripe, y googleando, me he topado con un blog de la cantante Patricia Elena, que he leido, y me ha gustado, pues es justo lo que quería transmitir, vamos, que me ha encantao, así que, siendo atrevido, y sin su permiso, paso a incluir aquí)
Sí, ya sé que suena extraño, prosaico, y por qué no, hasta medio descarnado. Empecemos por aclarar. Realmente no me refiero al Amor, ése que más que sentimiento primario es decisión de la mente y del corazón, fortaleza y constancia. Me refiero sencillamente a lo que algunos llaman amor para ahorrar tiempo y palabras (“usted me entiende”) porque uno no sabe exactamente de qué está hecho ni cómo ocurre (por más tratados científicos que se escriban para entenderlo). Algunos lo llaman interés, atracción, química, sintonía, en fin… ¿Ya nos vamos entendiendo? Es eso que se siente por una persona en particular y a veces ni siquiera puedes explicar por qué, desafía incluso tus propias expectativas y preconcepciones (¿”por qué esta persona si yo había dicho que nunca saldría con un…” )
Quién sabe de cuántos componentes está hecha esa primera impresión que nos invita a acercarnos, que nos hace querer atisbar en la vida de la otra persona: curiosidad, intriga, excitación, entusiasmo, ilusión… En fin, quién sabe.
Lo cierto es que pasa en cualquier momento, desafiando las canciones de moda (o no tan de moda) con las que alguna vez afirmaste convincentemente tras alguna decepción, el típico “No me vuelvo a enamorar…”, etc., etc., etc.
Ni siquiera es enamorarse, pero en fin, qué importa lo que sea. El punto es que para mí, ese momento inicial se parece mucho a una gripe.
Para los cantantes, la gripe es una amenaza que puede salirte al paso antes de cualquier concierto. Y a veces, por más precauciones que tomes, no hay modo de evitarla. El leve escozor en la garganta, molesta secreción nasal a una semana del concierto y ya sabes lo que viene. Entonces, tienes dos opciones: seguir hablando y trabajando como si nada, no cuidarte y no descansar; y lo próximo que tienes es una laringitis que te arruina la experiencia y ahora sí, a hacer silencio y total reposo vocal hasta que se te pase. Qué le vas a hacer, abusaste en los ensayos, no te cuidaste y ahí tenemos los resultados.
La otra es: “Me estoy resfriando, ya sé cómo ocurre, no es nada realmente preocupante pero hay que descansar un poco, tomar líquidos, etc”.
Igual te va a doler la garganta por unos días, pero por lo menos, no perderás la voz en el intento y ya podremos cantar confortablemente ese día.
¿Será que es algo así lo de esos encuentros iniciales? Dale alas a esa llamita para que veas lo que pasa. Empieza como una broma y acabas con dolor en un sitio que ni siquiera es sólo emocional, parece casi físico.
¿y dónde duele? Muchas veces, duele en el sitio de la ternura, de la ilusión que quieras o no, fuiste construyendo. No tiene nada que ver con el otro; tal vez el otro no hizo nada o muy poco.
Tiene que ver con uno mismo, con nuestra capacidad de soñar, de jugar, de ser inocentes al menos por un instante, como ese día en el que inocentemente, te sorprendió la lluvia con su caricia imprudente y atrevida; y ahí estamos, con gripe a una semana del concierto.
De modo que, a cuidarse de las gripes y de los encuentros iniciales sin futuro y si nos da la gripe y elegimos seguir cantando, si vamos a dejar la voz en el intento, ¡que sea por una canción que realmente vale la pena!
Porque como dice Silvio Rodríguez:
“Si decides cantar, cántalo todo,
tu camisa, tu patio, tu salud.
Si tú debes cantar de cualquier modo,
canta bien, con virtud;
pero ay amor, ay amor,
canta siempre de corazón…”

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