Pobre corazón, ralentizado,
un murmullo es su latido, hibernando,
aunque pasen mil días, mil años,
te seguirá esperando.
Y te seguiré esperando,
pues no es tu cuerpo lo que amo,
no son tus curvas, ni tus manos,
sino el alma que encierran tus encantos.
Tus encantos, esos
que, queramos o no, maldito tiempo,
con su herrumbre, acaba consumiendo,
y la fresca juventud, termina huyendo.
Termina huyendo,
no es mi caso, lo aseguro,
esperare paciente, al pie de tu muro,
seguiré tocando, crédulo, estúpido,
hasta que sangren los dedos y acabe el mundo.
Este mundo, que agoniza,
muere día a día , sin tu risa.
¿Cuándo serás consciente, que iluminas
el cielo a tu paso, cuando caminas?.
Caminas, y la vida frena,
se detiene en seco, el aliento cesa,
el aire contiene el pulso, alerta,
solo, cuando has pasado, despierta.
Despierta, como de un sueño dulce
dejando un aroma que a la noche seduce
la conciencia falla, haces que dude.
Así de hermosa, eres, así de bella luces.
No pido nada, tranquila,
no creas que pretendo hacer que decidas.
Vive tu vida, yo viviré la mía,
solo te pido, que al acabar el día,
cuando recuestes tu cabeza, relajada
y Morpheo se acerque a tu almohada,
recuerdes que alguien, desde África,
esta pensando en ti, mi niña, mi hada.
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