Esta mañana, en una cadena de radio local, han entrevistado a un personaje de mi ciudad, el cual, durante la conversación, aludió a la forma que tuvo de conocer a su mujer. El, llegaba tarde para embarcar en un vuelo, y debido a que conocía al personal del aeropuerto (hace muchos años, porque ahora ni por asomo), pudo entrar por la bodega del equipaje, “in extremis”, y durante el trayecto, conoció a la que es su esposa. Lo que me hace preguntarme, ¿de no haber cogido ese vuelo, la habría conocido?, si realmente estaba escrito en su destino, quizás hubiera pasado de otra forma.
¿Cuánto de lo que nos acontece a diario, es fruto del destino?. Probablemente, nunca lo llegaremos ni a imaginar, ilusos, felices de vivir regocijándonos en nuestras pequeñas existencias.
Siempre he creído firmemente que, la ignorancia es la clave para la felicidad, y por ende, cuanto más escarbes, cuanto más busques respuestas, más preguntas te surgirán, muchas de las cuales, sin solución, o al menos, sin posibilidad de obtenerla.
¿Realmente, somos dueños de nuestras vidas?, podemos tomar decisiones, lógicamente, pero, ¿y si no existiera el libre albedrío, de tal modo, que la consecuencia de todos nuestros actos, ya estuviese escrita, por muchas vueltas que diésemos?.
Siempre he dicho, que ya puedes correr lo que quieras, que tu destino, corre más que tú y tarde o temprano, te alcanzará, sea bueno o malo.
En una ocasión, en mi adolescencia, me gustaba una amiga mía, y a su vez, ella se sentía atraída por otro chico, el cuál le propuso iniciar una relación. Mira tú por donde, ella me pidió consejo sobre qué debía hacer. Tenía que haber sido un cabrón, y haberla aconsejado en beneficio mío, pero fui “gilipollas”, y mi consejo fue, que lo intentara con el chico, diciéndole que “si no lo hacía, quizás más adelante se arrepentiría”. Duraron tres días, tras los cuales, estuvimos juntos varios años, pero como suele ocurrir, la distancia es enemiga acérrima del amor (teniendo en cuenta, que hace años, ni internet, ni móviles, ni leches).
¿Eso significó que daba igual la decisión que tomara esta chica?, ¿que iba a estar conmigo de todos modos?. No lo sé, pero me hace pensar.
“Vivir, vivir será una gran aventura”. Disfrutaré del trayecto, sin importarme el final del recorrido de este tren, que chirría y traquetea por lo escarpado de la pendiente, pero que me siento afortunado de ocupar.

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