(O, de cómo cargarse la economía, en tres lecciones).
Cuentan que, había una vez un pueblecito de costa, donde vivían tres hermanitos cerditos, Jorgito, Jaimito, y Antonio García Cifuentes.
Pese a ser trillizos, eran muy diferentes.
Jorgito, vivía en una casita en el monte, hecha de paja, y se dedicaba a la vida contemplativa, y pese a su buena salud, se mantenía de las ayudas sociales, y de los comederos públicos, pero nunca le faltaban sus eurillos para sus cigarrillos aliñados.
Jaimito, era un currito. Vivía cerca de sus dos hermanos, en el monte, en una casita de madera, la cual soportaba una hipoteca de 45 años, al 8% de interés, variable, al alza, y un suelo del 4,5%. Todas las mañanas, se levantaba a las 6:30 am. y trabajaba doce horas para llegar a casa a la noche, rebentáo, y derrotáo, cobrando 1000 euros mensuales. ¿Vacaciones?, no estaban en su vocabulario.
Antoñito, no era tan listo como Jorgito, ni tan trabajador como Jaimito, pero era muy, muy ambicioso, algo que puede ser una gran virtud, siempre que tengas escrúpulos en la forma de conseguir esas ambiciones. Él no tenía. Vivía en una casita modesta, no tan bonita como la de Jaimito, ni tan pobretona como la de Jorgito. Pero muy sólida.
Veréis niños, a Antoñito, se le ocurrió meterse a político. Primero desde abajo, pero poco a poco, fue escalando posiciones dentro de su partído, y tras mucho peloteo, y pidiendo muchos favores, consiguió llegar a consejero de Obras públicas y Urbanismo. Para ese entonces, su casita no era nada modesta. La fue ampliando, hasta tener un Chalet, digno de su posición social.
Pero he aquí que, cuando estaba en la cima, los señores banqueros y constructores, que lo apoyaron en su escalada meteórica, pasaron factura de honorarios, y el pobre Antoñito, no tuvo más remedio que recalificar los terrenos rústicos donde se ubicaban las casitas de Jorgito y Jaimito.
Posteriormente, con la excusa de la ampliación de la carretera que circunvalaba el pueblecito, expropió las viviendas de sus hermanitos, por cuatro euros de nada.
Y en estas estabamos, niños, cuando llegó el representante de “Construcciones el Lobo, S.L.”, dispuesto a dar el pelotazo padre, de la mano del Sr. Banquero, y nuestro amiguito Antonio García Cifuentes.
Con la ayuda del cerdito político, se hicieron con la contrata de la nueva carretera, y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, pues construyeron una promoción de Adosaditos, muy lindos, a 475.000 euros la pieza.
Todo era champán y fresas, los maletines volaban como abejitas cargadas de polen, hasta las pezuñitas de Antoñito, que vivía una fiesta constante.
Entonces, desde el otro lado del océano, llegó el malvado monstruo de la crisis, y esto fue lo que ocurrió.
- El Sr. Banquero se asustó, y cerró el grifo que financiaba la construcción de los Adosaditos, no vaya a ser que el Sr. Lobo no le pagara los plazos, y perdiera dinero.
- El Sr. Lobo, pese a estar cobrando religiosamente las cuotas de los pobres desgraciados que le habían comprado los chalets, a medio construir, dejó la obra parada, pues no entraba dinero de la financiación del Sr. Banquero.
- Antoñito… bueno, Antoñito, que era muy listo, y oliendo el pescao, cogió todo su dinerito, y lo puso a nombre de la mujer, que tenía una cadena de peluquerías, y previa declaración de separación de bienes, justificó todas las “ganancias”, como beneficios de esas peluquerías, después de todo ¿de que forma iba a comprobar la malvada Agencia Tributaria, a cuántas personas peinaba al cabo del día?. Ni que decir tiene, que todos los bienes que adquirían, lo hacían, sólo a nombre de su mujer.
Y ¿Cómo terminó todo?.
Pues el Sr. Lobo, desapareció en combate, disolvió la sociedad, hizo las maletas, y nunca más se supo. Se sospecha que el pobre, está pasándolo muy mal en algún país tropical, con calor, humedad, y esos desagradables lujos que puede pagarse gracias al dinero de los pobres desgraciados.
El sr. Banquero, tan tranquilo, pues el gobierno lo respaldaba, dándole ayudas muuuuyyyyy importantes económica y fiscalmente, para que abriera de nuevo el grifo, y las cuales, se las embolsaba como dividendos, y el grifo lo seguía manteniendo cerrado, dando unos beneficios netos anuales, superiores al año fiscal anterior, pese a la “crisis” (¿como se explica?).
A Antoñito, la fiscalía anti-corrupción, lo procesó, no pudiendo demostrar nada. Estuvo un año en prisión preventiva, a la espera de juicio, y tras el sobreseimiento del caso por falta de pruebas, fue puesto en libertad, gozando de una larga vida, junto a su adinerada esposa, dueña de una cadena de peluquerías muy productivas.
Y ¿qué fue de Jorgito y Jaimíto?
A Jorgito le concedieron una vivienda de protección oficial, de forma sospechosa, que no paga, y sigue aficionado a los cigarrillos de la risa.
Y Jaimito, con las cuatro perras que le dieron por su propiedad, liquido la hipoteca, e intentó comprarse una casita modesta, pero como el Sr. Banquero, a causa de su humilde sueldo, pese a tener un historial de pagos intachable, no le concedió la nueva hipoteca, se vio obligado a vivir de alquiler, en un pisito, que le sale al mes la módica cantidad de 600 eurillos y ya debe 3 cuotas, pues la empresa en la que trabajaba, acogiéndose a un expediente de regulación de empleo, con el beneplácito del gobierno, echó a la calle a la mitad de la plantilla. ¡Ole!.
Moraleja: Medio País se levanta para trabajar, y la otra mitad, se levanta para engañar a los que trabajan.
Otra moraleja: A ver si abrimos los ojos de una puñetera vez en este país, que estamos SOCIABILIZANDO las pérdidas de las grandes corporaciones, y ellos, siguen PRIVATIZANDO los beneficios. ¿A que jugamos?, O dicho de otro modo, cuando me va bien, para mi, y cuando me va mal, a apechugar con las pérdidas, compadres.
Ahora, me vienen, con que van a gravar más a los bancos, y el banco dice, poco más o menos, - ah, pues estupendo, con subir las comisiones, cubro esa subida de gravámenes, y además aumento los beneficios.- ¡Ole, ole y ole!
A este paso, volvemos de cabeza a la España profunda, si es que alguna vez, salimos de ella.
Y lo peorcísimo de todo, es que no se ve alternativa. Son el mismo perro, pero con distinto collar.
¡¡Sálvame Superman!!.