Con su brazo izquierdo, me volteó, hasta apoyar mi espalda contra la pared, y casi enseguida, bajó la cremallera de mi pantalón, e introdujo su mano derecha en su interior, dejando escapar a mi polla de la prisión de los boxers, liberándose en todo su esplendor, palpitante, completamente dispuesta.
Se arrodilló ante mí, sujetando mi miembro con su mano derecha, desde su base, e inmediatamente, recorrió con su lengua la longitud de mi polla, de abajo a arriba, con tal lascivia, que un escalofrío me recorrió hasta el último rincón de mi ser. Cuando su lengua llegó al extremo de mi verga, se entretuvo en el glande, redondo, hinchado, jugoso, rodeándolo magistralmente, y una vez bien humedecido, lo introdujo en su boca, saboreándolo, dentro de la cual, seguía lamiéndolo con su lengua, fantástico.
Sus labios se iban deslizando lentamente, húmedos, sobre la piel de mi polla, hasta meterse en su cavidad, como dos tercios de su tamaño total, mientras, con su mano izquierda, masajeaba mis cojones, llenos de semen, a punto de explotar. Notaba su lengua caliente, moverse en su interior, al compás de la genial mamada que me estaba practicando.
Dirigí mi mirada a Kassy, que ya la tenía olvidada, habida cuenta de la situación, y la descubrí, observando perpleja la escena, pero sin dejar de gozar, con su propio perro, menuda estampa. Estaba completamente seguro de que eso no se lo esperaba, y como siempre le ocurre, las sorpresas, en el plano sexual, la excitan sobremanera.
Volví a entregarme al placer que me estaba regalando Victoria, que se quitó el polo, mostrando unos pechos redondos con unos pezones como pulgares, dando la impresión de estar esculpidos en piedra. Desde mi posición, veía mi polla entrando y saliendo de su caliente boca, brillando a causa de su saliva, y con las venas completamente hinchadas.
Sentía mis huevos, cargados tras días sin sexo, y no estaba seguro de cuánto podría aguantar. Victoria, en ese momento, comenzó a lamerme repetidamente el glande, mirándome a los ojos, hacia arriba, desafiante, completamente dueña de la situación, mientras me masturbaba con su mano, no pude más. Previsora, notando que mis testículos se preparaban para eyacular, dirigió mi polla hasta sus pechos, justo a tiempo, pues comencé a soltar toda una descarga de leche espesa, blanca, caliente y viscosa, que denotaba mis días en ayuna sexual. El orgasmo fue indescriptible, y tras trece o catorce embestidas de semen, que bañaron la totalidad de sus pechos, restregó mi polla agradecida, sobre ellos, y note el increíble calor de mi propia corrida, en la punta de mi verga, para de nuevo, llevársela a su boca, hasta dejarla bien limpia.
Fue entonces, cuando oí los gemidos inequívocos de Kassy, teniendo su propio orgasmo, no sé si motivado por la lengua del perro, o por la visión de mi propia eyaculación.
Victoria, se puso en pie, y me beso en la boca, aún con los restos de mi semen en su interior. Noté el sabor del mismo, y el calor de su saliva y de su experta lengua, y tal cual vino, dio media vuelta, con sus pechos cubiertos de semen, y su culo bamboleante, se encaminó hasta la salida del baño de caballeros, supongo que iría al de señoras, a limpiarse, pero en ese momento, estaba tan perplejo, que no puede más que mirar mi polla derrotada, tras la increíble mamada, y caer en la cuenta de mi propia indefensión en ese momento, pues kassy, tras su orgasmo, se besaba con el perro, mientras se arreglaba la ropa. Saldrían en cualquier momento, y yo no debía estar ahí.
De modo que, devolví mi verga a su prisión, y corrí hacia la salida, cayendo en la cuenta de la hora que era, e imaginando la excusa que pondría en la oficina. Crucé el pequeño pasillo de los servicios, y salí a la cafetería, que atravesé apresuradamente.
Justo antes de salir, volví la mirada hacia el fondo del local, y pude ver a Victoria, cruzando la puerta de los servicios, perfectamente uniformada. Me lanzó un beso, casi imperceptible, acompañado de una sonrisa cómplice en sus labios, esos que hace unos minutos, abrazaban mi polla. Yo correspondí con otra sonrisa de agradecimiento.
Le debía un orgasmo.
¿Continuará…?