Se oscurecen los días, se alargan las noches, se hacen interminables, el Astro Rey no llega a calentar la sangre de los mortales, el aire se llena de melancolía y el suelo se tapiza de cadáveres, restos de los mas bellos árboles, el cielo empieza a llorar.
Básicamente, podría ser una definición de mi amado Otoño, pero…
Este año, lamentablemente, coincide con un momento de flaqueza de una de las criaturas más dulcemente etéreas puestas en la Tierra.
¿Kaótica?, me temo que si realmente fueras así, estarías por encima del bien y del mal, sin dejarte influenciar por los hechos o acontecimientos del día a día.
Lamentablemente, tu imagen “pública”, la que dejas que se vea, esa si que es Kaótica, la “otra yo”, un escudo construido contra flechas lanzadas desde el desengaño y reproches varios.
Y digo lamentablemente, pues sería estupendo que todo tu ser fuera así, sobre todo para ti, pero esa no es la verdad…
La verdad es que muchas de esas flechas, si que llegan a tu alma, lacerándola, con heridas que solo el tiempo cicatriza, aunque a veces, ni eso sea suficiente.
Hace tiempo, durante una tarde de cafés y tertulia, expuse mi teoría sobre la vida, una metáfora, que consiste en lo siguiente:
Imaginad que la vida es una ciudad, repleta de calles, y estas obligada a caminar, por ellas, pero los sitios por los que transites, el camino que recorras, es único para cada persona. Se da la circunstancia que, a veces, coincides con alguien, al doblar una esquina, y recorre contigo parte de ese entramado de calles, pero al llegar a un recodo, esa persona tiene que seguir recto, y tu destino te indica que debes torcer, ahí acaba la andadura con el o ella. Evidentemente, todas las fichas están en el tablero, solo el destino sabe si dentro de tres manzanas, volvéis a coincidir.
No puedo hacer nada para animarte, ni decirte nada que te consuele, pues las decisiones de tu futuro solo a ti te corresponden, evidentemente. Pero quiero que sepas, que hay muchísimas personas que, de todo corazón, esperan verte recuperada, personas a las que le importas de verdad.
¿Tsunamis?, ¿a ti?, dulce marea de verano, diría yo.
Así que ya sabes, engrasa el látigo, cálzate tus botas, y camina, siempre adelante, no retrocedas ni para coger impulso.
Sabes que eres única, figura icónica de muchos y muchas, aunque esa responsabilidad, a veces pese, pero siempre te demuestra lo especial que eres.
Vamos mi niña, no temas a la senda, aunque no veas el final de la misma, donde seguro te espera alguien extremadamente especial, tu mago de Oz. Encuentra tu baldosa amarilla, princesa.
No estas sola Kao. Somos Legión.

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