Aproximadamente, una hora antes, en el apartamento de…, vaya, aún no sabemos el nombre de la dama. La llamaremos… K…, Ka…, si, ya se, la llamaremos Kassy.
Aproximadamente, una hora antes, en su apartamento, Kassy perfilaba sus labios de ese rojo channel que tanto le gusta.
Lentamente, deslizó las medias por sus pantorrillas, hasta ajustarlas en su muslo, cuidando de que la costura siguiese la línea sin torcerse.
No se puso ropa interior. Le había dicho que nunca la usaba.
- Menudo idiota – dijo, y sonrió.
Había quedado a las 10:00 con él, en la cafetería “Dyno’s”, un sitio bastante cool, muy de moda, personal amable, y un café delicioso, pero lo más importante, sabía que Carlos desayunaba ahí cada mañana.
Ese cabrón, no tenía ni idea de lo que le esperaba, se vistió como sabía que le gustaba, perfumó su piel, como sabía que le gustaba, preparó la trampa, tejió la red.
Paró un taxi. Subió.
- Avenida del Partenón, 12, por favor – indicó al taxista, que al momento ajusto el retrovisor, pobre imbécil, para ver si podía observar algo interesante de la pasajera.
Sabía que se le notaban los pezones perfectamente, y le encantaba, se sentía sexy, y eso hacía que un agradable calor subiera por su sexo, que disimuladamente, dejo entrever abriendo un poco las piernas. El taxista, dio un pequeño volantazo, no pudo contener una risa.
- Tenga usted cuidado, o vamos a tener un accidente.
- Disculpe señora – dijo notablemente ruborizado. Gilipollas previsible.
Abrió la puerta y entró.
El local olía a café, una mezcla de perfumes, y a conversación, uno de esos sitios donde puedes estar toda una tarde charlando, sin mirar el reloj, si la compañía y la charla son buenas.
Enseguida lo vio, sentado a la derecha, cerca de la ventana, leyendo el periódico, o haciendo como que lo leía, porque se notaba que él también la vio, pero el idiota, disimulaba, obviamente, peor que ella.
Carlos no es un adonis, es un tipo normal, 1,83, rubio, ojos azules, ni guapo ni feo, del montón, pero el hijo de puta sabe como vestir un traje, estaba superatractivo.
Como no podía ser de otra forma, se dirigió a la mesa junto a la de Carlos, lo ignoró, justo lo contrario que hacía con ella el aforo del local, sobre todo el masculino.
Era consciente de su atractivo sexual. Cuarenta y un años pueden parecer muchos, pero no en su caso. Me atrevería a decir que ahora estaba en su mejor momento, sobre todo emocionalmente, sabía exactamente lo que quería, y como conseguirlo. Pechos firmes, culo perfecto, buena figura, y clase, sobre todo clase. Completamente centrada, dispuesta para la caza.
Tomó asiento, cruzó sus piernas, como sabía que le gustaba, dejó el bolso, y observó, mientras golpeteaba la mesa con las uñas.
El pobre diablo, apenas podía disimular su erección, el perfume dio resultado, la trampa se cerró, como esperaba. Sonrió.
Ella se acercó a la mesa de Kassy, a tomar nota.
- Hola – dijo amablemente - ¿Qué va a tomar?.
- Café, con mucha leche y mucho azúcar, gracias.
La observaba mientras se alejaba, mechas rubias, brazo izquierdo tatuado, un cuerpo envidiable, que aún vistiendo el sobrio uniforme de la cafetería, (vaqueros negros y polo negro con el logo del local, en bolsillo delantero y espalda), estaba segura, era capaz de levantar cualquier polla a cinco kilómetros a la redonda.
Él también la miraba, difícil no hacerlo, un culo tallado con esa gracia… parecía que llevara los vaqueros hechos a medida. Como una segunda piel.
Los pechos turgentes, excitantes, estaba convencida de que la afluencia de público masculino en el negocio, era en su mayoría provocado por esa mujer. Unido a su amabilidad, era lo que se dice, un verdadero cañón.
Como no podía ser de otro modo, su nombre era… Victoria.
Continuará…

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