Duermes.
Miro tu espalda, cada curva, su talle.
Desdibuja la luz tu contorno, trazado a carboncillo, difuminado.
Sencillamente hermoso.
Tu pelo.
Se ilumina levemente, alcanzado por la Luna ,
que se filtra traviesa por la persiana, queriendo tocarte.
Tu brazo derecho.
Extendido sobre tu costado, en un gesto tranquilo
desearía acariciarlo, no atreviéndome,
no seré yo quien perturbe tu sueño.
Tus piernas.
Eternas, preciosas, reposan tras largas horas en pie,
cubiertas de seda, satinadas.
Tu brazo izquierdo.
Flexionado, acercando la mano a tu rostro…
Y tu rostro.
Capricho de hadas, sereno, dicen es el espejo del alma,
que en este instante, no parece nada kaótica.
Tu pecho,
Perfecto, como el vaivén de la marea, se mueve al respirar
ese aire, que tan afortunado me siento por poder disfrutar.
Descansas frágil, tranquila.
Y te miro, ilumino mis ojos con tu ser.
Beso tu hombro y sonríes, ¿qué soñaras?
Soy consciente de la carga que soportas, así que…
Sueña, princesa, sueña y repara tu alma
Para otro día de entrega a los demás.
Duerme
Me conformo con mirarte.

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