miércoles, 14 de septiembre de 2011

Almíbar.


Se abrió la puerta y entró.

Pelo castaño claro hasta los hombros, piel blanca nívea, ojos marrón claro, y labios rojos como el bolso que portaba. Camisa blanca, abotonada al cuello, dejando sus hombros al descubierto, falda gris hasta las rodillas, ceñida, pulsera de dos vueltas de perlas blancas, y collar de cuentas negras. Remataba el conjunto con unos guantes grises claros, y zapatos de tacón eterno, rojos como su bolso, sobre unas medias negras con costura que estilizaban sus piernas, sinuosamente. Parecía que acabara de salir de una película de los años cincuenta.

Se que nunca usa ropa interior.

Sus pechos, duros, dulces y blancos como el azúcar, se adivinaban bajo la camisa, que por efecto de la tela, marcaban su contorno, y la protuberancia de sus pezones rosados, de aureola no excesivamente grandes, pero que cuando se excitan, mientras cabalga mi polla, se hinchan deliciosamente.

Se movía de forma lenta pero decidida, calculando cada movimiento, como una pantera, lista para saltar hacia la siguiente presa.

Al andar, su perfume Chloé, acariciaba el aire, que unido al vaivén de su trasero (sabe muy bien como moverlo), dejaba tras de si una estela verdaderamente turbadora, como si el tiempo se parara, y todas las miradas del local se posaran en ella.

Su cintura, de por si estrecha, se acentuaba con el cinturón, dando paso a unas caderas y culo dignos de una Pin-up. Solo de imaginarlo, aprisionado por la tela de la falda, me provocó una erección casi inmediata, que difícilmente disimulaba con el periódico.

Se sentó en la mesa contigua a la mía, y cruzó elegantemente las piernas, como solo una señora sabe hacer, dejando el bolso en la silla anexa.

Intuí el roce que el forro de la falda le produciría en su sexo, desnudo, recién depilado, a flor de piel, casi podía verlo, sonrosado, con ese punto color rubí, que es su clítorix, siempre incipiente dispuesto y jugoso. La erección era ya evidente.

Por el movimiento de sus manos, parecía que esperara a alguien, su nueva víctima supuse.

Fingí no haberla visto, y ella es evidente que no me vio,… pero sonrió.

Continuará.

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