Antes de nada, debo excusarme por llevar bastantes días sin publicar nada, pues prometí que mi siguiente post iba a ser en contestación de otro, y sobre todo, no me gusta faltar a mi palabra, de las pocas cosas que aún puedo alardear orgulloso. ¿Qué seria de nosotros si nuestra palabra no valiese nada?, mal asunto…
Éste ha sido un retiro más obligado, que deseado, aunque he de reconocer que me ha servido para plantearme un par de cosas, y eso siempre, siempre es positivo.
Dicho lo cual, continúo.
Parece mentira, lo fáciles que son las cosas, las situaciones, y lo que nos empeñamos en complicarlas hasta la saciedad, intentando retorcer la realidad, creando situaciones que, o bien no existen, probablemente ni existirán, y solo han sido creadas en un rincón de nuestra mente. Fantaseamos con el “¿qué pasaría si…?”.
La vida es mucho más sencilla.
Lo blanco es blanco, y lo negro, es negro, y no hay más. Ni gama de grises ni matices de ninguna manera. En esencia, se trata de eso. Lo blanco, blanco, y lo negro, negro.
No se si es así, o muy parecido, pero oí un proverbio chino, que dice “…si el problema tiene solución, ¿para que preocuparse?, y si no tiene solución, ¿para que preocuparse igualmente?”.
¿Acaso por muchas vueltas que le des, vas a solucionar el problema?. ¿Dónde está escrito eso?. Vale que divagues sobre que solución puede ser la más adecuada, evidentemente, no se trata de moverse por impulsos, pero más allá de eso… no merece la pena.
Tenía un profesor, que siempre contaba la misma historia, sobre el pensamiento empresarial anglosajón, y venia a ser, resumiendo, un empresario inglés, que tenía una serrería, cuyos días laborables, eran de lunes a viernes, descansando los fines de semana. Pues ocurrió, que lo llamaron un sábado por la mañana, del departamento de bomberos, comunicándole, que durante el viernes noche, la serrería fue pasto de las llamas, hasta quedar reducida a cenizas, no quedando piedra sobre piedra, y la contestación del empresario: “… menudo disgusto me voy a llevar el lunes por la mañana…”.
Bien, nuevamente, dicho lo cual… continúo.
Hay que afrontar los problemas de frente, estar dispuesto a ir a la guerra, encarar al toro “a puerta gayola”, dejarse de rodeos laberínticos, que solo te hacen desenfocar el objetivo. Ya sabes lo que dicen, “mas vale una colorá que cien amarillas.” Que simple ¿verdad?.
Todo lo que se salga de ahí, es agua de borrajas.
Pero… en mi opinión, tu principal enemigo, y el de cualquiera, es uno mismo.
Eres tú la que te pones barreras, limitas tu espacio, y cierras las puertas. Solamente tú.
Si aún así, sigues queriendo ir a la guerra, adelante, pero antes de iniciar el viaje, mírate al espejo, y en vez de mirar la vida pasar, mira la imagen reflejada, analiza tu interior, busca a tu enemiga, esa es a la que hay de derrotar, hacerla sucumbir a tu determinación. Solo así serás libre, y cuando lo logres, verás la vida desde una posición más elevada, y no desde el fondo del pozo, que solo te deja ver el trocito de cielo allá arriba.
No quiero decir que con esto vas a ser feliz eternamente, pero… seguro el camino se va a despejar un poco de hierbajos, lo suficiente, para seguir ascendiendo con menor dificultad.
¿Te ha ayudado en algo estas divagaciones africanas?, me alegro, y de no ser así, por lo menos espero hayas disfrutado con la lectura. Besos.
He vuelto…

Sabias palabras las tuyas, lástima que la gente se complique tanto la vida y enrevese tanto las cosas...en fin, que recapacite el que tenga que recapacitar
ResponderEliminarBsos desde el norte